top of page

Tiempo perdido

  • Foto del escritor: Annie
    Annie
  • 30 nov 2021
  • 4 Min. de lectura

Hace unos días me encontré con un antiguo amigo, ya más conocido del pasado que otra cosa, de esa época de estudiante, sin ser todavía universitarios.


Nos vimos en la calle, sin previo aviso. Nos costó un par de segundos reconocernos, después de tantos años en ausencia de la vida de cada uno. Por supuesto, uno de nosotros hizo un ademán de saludar, y el otro lo imitó rápidamente, par que no se diga que somos maleducados. Ahora, quién empezó primero, no lo sé. Si nadie hubiese hecho el ademán, ¿habríamos seguido caminando, aun sabiendo que nos conocíamos? Tampoco lo sé. En algún universo paralelo lo sabrán.


La cuestión es que nos detuvimos en medio de la calle para saludarnos, sorprendernos por cómo hemos cambiado, o al contrario, como no hemos cambiado en absoluto, lo que sea. Lo importante es mostrar sorpresa y alegría, emoción.


Ni siquiera propusimos ir a tomar algo tranquilamente, dedicarnos algo de tiempo de calidad. Así de insulsos éramos el uno para el otro. Pero ahí nos quedamos, charlando un rato como si hiciera solo un par de semanas que no nos hubiésemos visto, y no casi 7 años.


Él me contó de su vida, cómo estudió medicina, se fue a vivir con su novia, con la que luego lo dejaron, "pero mejor, porque ahora estoy con el amor de mi vida". Me resumió sus mejores aventuras y desventuras, quedándose con las ganas de insistir en cómo de bien le va, pero sin obviar viajes importantes, o escapadas a Mallorca y Menorca.


Yo por mi parte le resumí también algo de mi vida, le hablé de mis hijos, de mi día a día entre juguetes y mocos. Sin demasiados viajes a Mallorca y Menorca. Pero sí con risas en el sofá, besos de buenas noches y descubrimientos diarios que parecían mundos enteros.


- Wow, suena... suena muy bien -me dijo. - Te envidio un poco y todo- terminó soltando medio riendo, como si le diese vergüenza admitirlo.


La verdad, no me esperaba esa respuesta, esa sinceridad. Pero tal vez solo era finjido, así que no le di demasiada importancia. Por mi parte le respondí:


- Sabes, es la segunda vez en mi vida que me dices eso...


- ¿Enserio? -Ahora sí se veía una ingenua sorpresa. - ¿Cuándo?


- En bachillerato, estábamos hablando de algo, ni me acuerdo de qué. Supongo que nos estaríamos dando consejos de amor, porque me dijiste eso mismo: "A veces te envidio, en plan bien, claro, pero envidia al fin y al cabo. De la relación que tienes con David".


- Vaya, ni me acordaba.


- No me esperaba que lo hicieras. Simplemente a mi se me quedó...


- Ya veo, ya... pues es curioso que te lo haya dicho dos veces ya... ¿No?


- Sí, un poco, pero me llama más la atención que sea sobre el mismo tema siempre, ¿no?


No dijo nada. Se quedó pensativo, solo asintiendo lentamente con la cabeza y medio sonriendo, con la vista perdida en las baldosas detrás de mí, o en los transeúntes. Lo dejé un momento en su mundo. Creí que lo necesitaba. Y después de menos de un minuto, reaccionó. Me dijo que se alegraba de verme, que nos tendríamos que reunir con todos algún día, a recordar viejos tiempos. Nos despedimos y seguimos cada uno por su camino. Pensé que nunca más volvería a saber de él, como hasta ahora, por eso me sorprendí muchísimo cuando al día siguiente recibí un mensaje suyo en el que se explayaba, con todo eso que había reunido en su mente en ese minuto que lo dejé vagar antes de despedirnos:


"Ayer me dejaste pensando durante toda la tarde, no tanto por lo que dijiste tú, sino por lo que te dije yo en dos ocasiones. Y claro, me pregunté, si envidio eso, tener a alguien, tener la relación estable, madura y estable, porqué hasta ahora nunca lo he hecho. Porqué a mis 30 aún no me he parado a pensar siquiera en matrimonio, o mínimo hijos. Sé que no quiero tenerlos a los 50. Eso seguro. Pero tampoco me he puesto a ello de forma real. ¿Sabes a lo que me refiero? Luego me reconocí a mi mismo que antes de hijos quería vivir, eso sin duda, y formar una carrera profesional, algo de mejora económica, ese tipo de cosas, ¿no? ¿pero y luego? Me refiero, ya tenía todo eso desde hace mínimo 5 años. Y claro, me acordé de Aitana, (no sé si la llegaste a conocer) y me di cuenta de que con ella se me habían esfumado las ideas de familia e hijos. Porque cuando con ella nos fuimos a vivir juntos, cada vez que nos acercábamos al tema de casarnos, o hijos, no en ese mismo momento, sin más adelante, ella se enfurecía. Me decía que lo que quiero es que abandone su profesión, su vida social. Que durante años todos sus compañeros de enfermería conseguirán escalar, y que ella, con las tetas caídas, nunca podría recuperar el tiempo perdido. ¡PERDIDO! Porque al parecer tener un niño es perder el tiempo ahora. ¿Te das cuenta? No digo que todas sean como Aitana. Eso ya lo sé. Sé que me dirás que simplemente no he encontrado a la adecuada y tal. Pero realmente he estado con muchas después de ella, y casi todas eran de la misma idea. O muy parecida. Que no ahora, que más adelante. Que han estado con tipos malos y quieres asegurarse de que soy el correcto. Que tiene que acabar su quinto máster en zoología inversa. Que no es tan sencillo. Que no está preparada. Que yo no estoy preparado. Siempre algo. Está muy bien que se haya creado la igualdad de género y tal, pero ¿te das cuenta de que os habéis liado tanto que ahora hasta os negáis a tener hijos? Queréis una sociedad mejor, pero no queréis ser vosotras la que traigan las futuras generaciones, esas mujeres fuertes, esos hombres que respetarán y defenderán. ¿Cómo sino? ¿Qué igualdad habrá si no hay niños y personas a las que igualar?

Perdona que te meta en el embrollo, sé que tú, precisamente, piensas diferente, pero es que ayer, ya te digo, estuve dándole vueltas a esto y no sabía a quién más decírselo."


Annie Eichnerová, y alguien más.

Comentarios


Publicar: Blog2_Post
  • Twitter

©2021 por Bookacoholics/Carpe Lubrum. Creada con Wix.com

bottom of page