¡Métase a Góngora donde le quepa, profesor!
- Annie

- 19 dic 2022
- 4 Min. de lectura
Para ser el siglo XXI, y vivir en un mundo en el que se habla de elles y ellos para referirse a los dos géneros que existen, el mundo de la literatura y los libros la verdad es que está muy poco avanzada. O más bien, está bastante estancada. Mejor aún: Sigue habiendo gente que la estanca.
Lo primero que me viene así a la mente, con lo que me identifico mucho, es que cuando uno dice que adora leer, que lee muchísimo, que se dedica profesionalmente a leer, la gente lo imagina sentado en un sillón, iluminado por una luz de fondo, y detrás de él, una estantería repleta a rebosar de libros de todos los tamaños y colores. Como la sección de libros de La Fnac, pero más personalizada.

Bueno gente. Yo soy una de esas personas que adora leer, que lee muchísimo, que se dedica profesionalmente a leer (sí, es posible), y en mis estanterías hay más polvo y trates inútiles que libros. De echo, desde que me mudé de casa de mis padres, he tenido literalmente 20 libros. Y desde que me mudé para vivir en familia, no he vuelto a tener libros físicos excepto los que compro a los niños (porque ellos sí necesitan ver las imágenes, sentir las páginas y aspirar el aroma para aprender a amarlos como lo hacemos nosotros). Porque hoy en día, uno de los mayores avances en este mundillo ha sido el libro electrónico, o ebook, que es como me gusta llamarlo a mí. Por lo que mi librería personal es un aparato electrónico que me cabe en el bolsillo del abrigo (por fortuna).

La gente que viene por primera vez a casa se decepciona mucho al ver que no tengo una colección física de libros, y los entiendo. Pero por otro lado, no voy a cambiar mi comodidad por su felicidad. Yo adoro mi ebook, y no lo cambiaría por nada. Al principio me costó la transición, pero era más psicológico que otra cosa. En cuanto sentí la ligereza de mi bolso, que cambió de tener un tocho de 500 páginas, a una tablet que pesa menos que mi móvil, el amor fue inmediato. Por no hablar de la comodidad de leer en cualquier parte, en cualquier idioma (incluso en aquellos que no se venden en tu país), y por mucho menos dinero (porque lo que antes me costaba entre 20 y 25€, ahora me cuesta menos de 10€).
Pero del ebook ya hablaremos más a fondo en otro momento. Ahora a lo que iba es eso, que la gente sigue creyendo que se necesitan pilas y pilas de libros para ser un buen lector. No señores. En absoluto.
Otra gran equivocación es que para ser un lector reconocido por la sociedad, debes haberte tragado todos los tochos insufribles de Góngora, Quevedo, Cervantes, Vega, Lorca... y si tienes menos suerte y te sacan de los españoles, Goethe, Austen, Victor Hugo (a este difícilmente se le reconoce por uno solo de sus nombres), Dickens, Kafka, Dostoyevsky, etc. bueno, déjenme decirles que no. No es necesario leerse a esos para disfrutar de los nuevos. No es necesario leerse Cien años de soledad para poder llorar con un buen libro de novela histórica. No es necesario comprender las ideas extrañas de Kafka para entender la complejidad de la psicología humana con un libro de thriller (actual). Yo no he leído ni la mitad, ni un tercio de todos esos "clásicos", aunque lo he intentado (y fracasado, porque son insufribles), y no me avergüenzo en decirlo, porque he leído los clásicos de nuestros tiempos: J. K. Rowling, Dan Brown, Suzanne Collins, Carlos Ruiz Zafón (mi favorito), Julia Navarro, Khaled Hosseini... y muchos más que aunque no se consideren de los TOP en muchas listas, yo daría lo que fuese por poder leerlos por primera vez.
Porque al final de lo que se trata es de leer. Leer y disfrutar, leer y aprender. Pero no aprender necesariamente sobre física cuántica, o sobre una sociedad que ya no existe. Sino aprender de la vida. Vivir lo que ya no podremos. Prepararnos por lo que aún está por llegar. Eso es lo que hacen los libros. Nos llevan mundos que de otra manera jamás conoceríamos.
Y ojo, que quede claro. No estoy desvalorando ni diciendo que los libros del siglo pasado y anteriores no merezcan la pena, ni que son malos, ni que no deban leerse. Adelante, si es lo que te gusta. Pero no forcemos, ni obliguemos. Hoy en día hay tantísimos libros, que aunque leyesemos solo los que nos gustan, no nos alcanzaría la vida para leerlos todos. Imagínate si leyésemos también los que no nos gustan. No perdamos el tiempo. Dales una oportunidad, pero si ves que a las 200 páginas aún no te ha enganchado, déjalo y busca otro. Porque esos libros ya cumplieron su función. Hicieron un gran trabajo para la sociedad, y debemos agradecerles por lo que cimentaron para el futuro, que es nuestro presente. Pero ya. Al igual que no se nos exige vivir como vivieron nuestros abuelos, no debería exigírsenos que leamos lo que ellos leyeron. Y mis hijos leerán lo que sea que se fabrique en sus años, y lo disfrutarán igual que disfrutamos ahora nosotros de lo nuestro.
Así que padres, profesores, adultos y jóvenes iluminados, déjense de tonterías. Que los jovenes lean lo que quieran (novelas, policíacas, cómics, romance...) y lo disfruten, y dejen que los antiguos clásicos descansen en paz de una vez por todas.



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