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Indomables

  • Foto del escritor: Annie
    Annie
  • 23 nov 2021
  • 2 Min. de lectura

El mundo gira, y todo gira con él. No importa lo que digan, no puedes pedir que se detenga, bajarte y descansar. No de forma voluntaria.

Pero sí existen veces, momentos, misterios inexplicables, en los que algo o alguien, deja de ser parte de esta danza universal, deja de seguir el ritmo de todo lo que le rodea. Es así como desaparecen a veces las cosas, como las “perdemos”. En realidad, siguen ahí, pero ya no siguen moviéndose a nuestro ritmo, a nuestro paso. Por eso las dejamos de ver. Por norma general, cuando pasa eso, ese objeto (un abrigo, un lápiz, un libro, unas gafas...), lo encuentra otra persona y lo vuelve a incorporar a la danza universal que todos seguimos, lo reincorpora a lo que conocemos, pero ahora, es diferente. Ya no son las mismas gafas, no es el mismo libro. Tiene otro dueño, otro significado, otro valor. Tal vez mejor que el anterior, pero tal vez peor. Eso ya es dependiendo un poco de la suerte. Y es curioso cómo es lo mismo, pero sin serlo ya. Lo mismo pasa con las personas. Cuando alejamos a alguien de nuestra vida, cuando le echamos, le hacemos desaparecer de nuestro día a adía, de nuestra mente, y si podemos, de nuestros recuerdos. Cuando le hacemos tanto daño como para perderla, esa persona también queda fuera del ritmo, de la coreografía, y se refugia en algún rincón de la gran sala que es el mundo, esperando a que pase algo, o alguien, que le saque de ahí y le haga bailar de nuevo. En realidad, solo pueden pasar dos cosas: Una, que alguien (o en raras ocasiones algo, como el arte, la música, la lectura...) le encuentre y le saque de ahí. No lo está rescatando, solo le está tendiendo una mano para ayudarle a levantarse, a ponerse de pie, y a entrar en ritmo, para bailar de nuevo. Ya luego depende de muchos factores si el que le ayudó se quedará en su vida o no. La otra opción, algo más difícil, pero sin duda más enriquecedora, es que se quede ahí arrinconado, perdido y abandonado tanto tiempo, que decida levantarse por sí mismo, decida mover los pies, y se una al resto, pero esta vez a su ritmo, a su modo, con sus propias regalas. A ese tipo de personas son las que vemos y notamos diferentes, especiales, indomables.

Annie Eichnerová

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