top of page

Nos vemos cuando el destino tenga ganas de juntarnos.

  • Foto del escritor: Annie
    Annie
  • 21 oct 2021
  • 3 Min. de lectura

La vida es un vaivén de situaciones, emociones, pensamientos y personas. Sobre todo personas.


Tú viniste a mi vida por casualidad. El amigo de la prima de a saber quién. Coincidimos en algunos momentos, hablamos en la mayoría de todos, y me cautivaste en cada uno de ellos.


Y luego te fuiste, sin dejar pista de quién eras en realidad.


El tiempo pasó. Yo encontré a muchos otros, buenos, malos, príncipes, sapos... y todo iba bien, hasta que te volviste a cruzar en mi camino, literalmente. No te atropellé de milagro. Te reconocí al momento, aunque al parecer a ti te costó un poco más acordarte de mí. Y después de varias quedadas, risas y miradas acompañadas de sonrisas, tuve que ser yo la que desapareciese de tu vida. Cambio de trabajo, cambio de ciudad. Las cartas no servirían de nada, así que ni te dejé mi dirección. Y me fui, sin dejar pista de a dónde iba.


El tiempo pasó. Tú encontraste un buen trabajo, y un buen destino para pasar tus vacaciones, el mismo en el que estaba yo. Y no es que la ciudad fuese pequeña, ni que el centro comercial tuviese pocas tiendas, pero llegaste a la misma sección de comida que yo. Quedamos esa misma tarde, te enseñé lo mejor de la ciudad, lo mejor de mi barrio, lo mejor de mi edificio, lo mejor de mi casa, y lo mejor de mi cama. Lo mejor de mí tenías que descubrirlo por ti mismo. Pero tú estabas solo de vacaciones, y te tenías que volver a ir. Esta vez sí intercambiamos direcciones, y teléfonos y todas esas cosas que das para asegurarte de que esa persona seguirá en tu vida, aunque sea de forma artificial. Y te fuiste, sin dejar pista de por cuánto tiempo.


El tiempo pasó, y a pesar de que las cartas aumentaban en número, yo necesitaba a alguien físico, así que lo encontré. Alto, guapo, inteligente, simpático... suficiente para vivir. Y te lo conté, y las cartas fueron disminuyendo, y decidí que mejor cortarlo de raíz, hasta que poco después tuve que volver a mi ciudad natal por asuntos familiares, y con la esperanza de no cruzarme contigo, no iba a otro sitio más que de la casa al hospital. Pero en las dos semanas que estuve ahí, el destino se las apañó para que volvieses a aparecer, como sin quererlo, porque nadie quiere estar en un hospital. En bata, y tan delgado, me costó reconocerte, pero tu perfume te delató. Me contaste que justo acababan de operarte de apendicitis, y que en un par de días estarás de vuelta al trabajo. Decidí aprovechar mis visitas al hospital para verte a ti también, hasta que un día llegué y ya no estabas. Al volver a casa decidí acabar con todo, incluido con ese chico que llenaba tu ausencia.Y me fui, sin dejar pista de mi nueva vida.


El tiempo pasó. Yo conseguí establecerme en la otra punta del mundo, con un trabajo sencillo, con una vida normal, tranquila, hasta que llegaste tú, con tu mochila a la espalda, diciendo que después del hospital decidiste dar la vuelta al mundo y refelxionar. No podía creer que hubiésemos coincidido de nuevo, y tampoco quería hacerme ilusiones. Ya te habías ido demasiadas veces. Yo me había alejado otras tantas. Estuviste un par de días, y a pesar de que te gustaba compartir mi cama, tu camino debía continuar, y te despediste diciendo:


"Nos vemos cuando el destino tenga ganas de juntarnos..."

Y sigo esperando, sin miedo, porque sé que volverás a mi, o yo a ti, y esta vez será para quedarte junto a mi, o yo junto a ti.


Annie Eichnerová.

Comentarios


Publicar: Blog2_Post
  • Twitter

©2021 por Bookacoholics/Carpe Lubrum. Creada con Wix.com

bottom of page